
Ò Dios mìo, Que tristeza ajena
disfrazada de alegrìa que veo en el lago y a sus orillas.
Ô queridìsimo lago Amatitlàn, ¿què te hicieron? ¿Dònde estàn?,
veo muerte y huelo a residuos de un pantano a formar.
Ese olor, ese color, ¡Què dolor!
polìticos y promesas: ¡Arreglemos Amatitlán!
y diez años ahora, si bien nos va, tocarà esperar.
Vida o muerte, que ganarà;
dinero serà de aprovechar.
Desesperaciòn y diversiòn a tus orillas,
A los niños la alegrìa,
A los jòvenes las aventuras,
A los Padres las ganancias,
a los abuelos las vivencias.
O, lago recostado en montañas,
que belleza nos has de dar,
no dejes que te gane la muerte
vive y reina por siempre.
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